El pazo de Mos pasó de ser la vivienda de los Marqueses de Mos en el siglo XV a un emblema reivindicado con orgullo por todos en el municipio tras la intensa labor de reconstrucción de la que ha sido objeto desde 2002. Año en el que la Asociación de Vecinos Santa Eulalia y la Comunidad de Montes de la parroquia formaron la Fundación Pazo de Mos con el fin de reconstruir y restaurar este Pazo abandonado y sumido en ruinas durante décadas.
Como su construcción, –el edificio histórico se levantó en dos fases, la primera en el s. XV y la segunda en el XVII- su reconstrucción también ha sido lenta y ha sufrido varios parones. El más significativo fue en 1982 cuando Coren compró los terrenos y cedió el edificio a la Asociación de Vecinos que, a su vez, lo dejó en manos del Concello para que lo restaurase. Unas obras que comenzaron nueve años después a ritmo lento y descoordinado. Lo que unido a una cesión que no respetaba el pacto de 1982, que impedía cualquier transferencia posterior del Pazo dos Marqueses, provocó que los vecinos reuniesen firmas para reclamar la devolución del inmueble.
Vuelta a su origen
El primero de los pasos firmes para devolver al Pazo su aspecto original fue en el año 2002 cuando se creó la Fundación Pazo de Mos formada por tres miembros de la Comunidad de Montes y otros tres de la Asociación de Vecinos de Santa Eulalia. El patronato integrado por seis personas ha extendido al Concello la invitación de participar en los usos del Pazo a cambio de una cantidad de dinero destinada a su mantenimiento. Y además de este convenio de colaboración, la Fundación le ha propuesto también que traslade su sede física al Pazo a la vista de la falta de espacio que sufren en el edificio de la Calle Reguengo, su actual situación. “Así devolveríamos el Concello al lugar donde estaba originalmente en el año 1934 cuando lo robaron y se lo llevaron de aquí, como demuestra una sentencia del Tribunal Supremo basada en que no había acuerdo municipal para cambiar el Concello de ubicación”, explica Ramón Lago, presidente de la Fundación.
Lago afirma que el hecho de que el edificio consistorial volviese al Pazo sería una forma de devolver el Concello a la capital de Mos, su origen. No obstante se muestra poco esperanzado de que alguna vez suceda aunque, es del dominio público, que el Concello de Mos busca nueva ubicación.
Inversión
La reconversión de lo que eran apenas unos muros de piedra en un edificio de 1.000 metros cuadrados con sala de exposiciones, de reuniones, biblioteca, salón de actos, cafetería entre muchos otros usos ha requerido una inversión que ronda los 700.000 euros y a la que le falta todavía cerca de 200.000 euros más para dar por concluidas las obras. Dicho presupuesto ha sido sufragado un su mayor parte por la Fundación con la ayuda de un préstamo de La Caixa y con una subvención de 60.000 euros del Xacobeo –el camino de Santiago pasa por la zona-, 72.000 euros alcanzados por la Diputación Provincial y 150.000 de la Fundación PRODER a través de los Fondos Europeos.
Una inversión que ha permitido que se materialice el proyecto firmado por el arquitecto José E. Pérez-Ardá a principios de los años 80 y que ha revisitado con éxito el interiorista Pancho Lepina –autor de la reforma del Pazo de San Roque- que ha sabido imprimir de forma respetuosa un estilo actual y funcional. Pendientes de los flecos de última hora, pequeños remates y detalles, la Fundación prevé inaugurar por todo lo alto “el nuevo Pazo” en el mes de diciembre y celebrar también una gran fiesta de fin de año a la que estarán invitados todos los vecinos del municipio.
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