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Creía que no tendría que comentar nada sobre el conflicto del Cáucaso, pues confiaba en que el sentido común imparase y que el diálogo solucionase el problema en un breve plazo. Pero me equivoqué, y creo que Rusia no tiene intención ni de solucionarlo ni de terminarlo.
Georgia, un país independiente de Rusia, no es de los que nos resulten familiares y, aún quizás menos dos partes del mismo, Abajasia y Osetia del Sur, al menos fue así hasta hasta principios de agosto, cuando Georgia, en un intento de mantener la integridad de su país, desplegó tropas en Osetia y, Rusia, con su afán desmedido de seguir ostentando su soberanía, incumpliendo todas las normas del Derecho Internacional y, reviviendo su gran experiencia como dictadura, invadió Georgia de forma brutal y cruel, como sabe hacerlo, asesinando civiles, destruyendo los medios de comunicación terrestres para aislarlos, impidiendo cualquier tipo de ayuda y cerrando a cal y canto la información de la masacre que cometía y comete. Mata tanto el hambre y la falta de medicamentos como las balas.
Nada sabíamos de Osetia y Abjasia ni no fuera porque tienen enormes conducciones de reservas energéticas, que es lo que únicamente le interesa a Rusia, y las desea con tanto fervor que a pesar de que la comunidad internacional trata de hacerle entrar en razón, incluída la Unión Europea, sigue haciendo lo que le da la gana.
Parece que Medvedev (presidente ruso), 'alias Putin', firmó un preacuerdo de retirada de sus tropas y restaurar la paz, pero ellos dicen que sólo van a replegar a algunos de sus soldados porque todavía "tienen que imponer la paz y realizar operaciones de seguridad". Eso se traduce en: "Nos iremos cuando nos de la gana y después de matar y destruir todo lo que puede suponer amaneza desde nuestro punto de vista".
Mientras miles de personas muertas, mutiladas, sin nada, siguen esperando algo para comer, medicinas y un techo bajo en el que resguardarse. El coste humano es terrible, pero Rusia tiene armas a precio de saldo. Putin sigue siendo quien manda y ordena, Medvedev obedece. |