|
El dólar ha continuado esta semana su recuperación, se cambia a 1,54 por cada euro, pues se supone que la Reserva Federal, tras bajar 0,25% los tipos el pasado miércoles, no seguirá con esa tendencia a la baja. También, aunque en menor medida, por el descenso del paro hasta el 5%, el aumento de los pedidos de fábrica en 1,4%, se preveía un 0,2%, y por el esperanzador dato de los empleos no agrícolas, que bajaron en 20.000 personas cuando los meses anteriores habían bajado más de ochenta mil. Y , desde luego, por la subida del sector manufacturero, que se ha mantenido en 48,6 cuando se preveía de 47,5; ha sido un buen dato, pero conviene recordar que sigue por debajo de 50, lo que indica contracción. El moderado alivio que sacude los mercados mundiales ha sido confirmado por el Wall Street Journal, para el que lo peor de la crisis ha pasado, y por el incremento del PIB en USA, que fue de 0,6% en el primer trimestre, algo superior a lo esperado.
Pero el gran problema para el mundo es el de los alimentos básicos, cuya subida está provocando revueltas, manifestaciones y toda clase de protestas en los países pobres. Se achaca esa carestía la utilización de productos agrícolas para biodiésel, pero suele obviarse otras causas más influyentes. Banco Mundial, FMI y OMC impusieron a los países pobres la llamada “libre competencia” para sus productos agrícolas, con la prohibición de almacenarlos “para no distorsionar el libre mercado”, suprimiendo las barreras tarifarias y las ayudas de los gobiernos; en esas condiciones debían competir con los productos agrícolas de USA y la UE, que sí están subvencionados. Un periodo de escasez, más un petróleo caro y el desvío de parte de las cosechas para biodiésel, eleva los precios por falta de defensas para contenerlos. Y así estamos.
El petróleo ha bajado esta semana a 113,4 dólares por los buenos inventarios norteamericanos ( aumenta 3,848 millones de barriles el crudo frente a los 0,9 millones previstos; baja 1,483 millones la gasolina frente a una previsión de disminuir 0,875 millones; suben 0,001129 millones los destilados frente a una bajada prevista de 0,25 millones) y por el fin de la huelga en Nigeria, pero seguirá condicionando la economía mundial aunque no alcance los doscientos dólares que pronostica el presidente de la OPEP (también advierte de que bajará cuarenta dólares si el dólar se revaloriza un 10%). Es arriesgado hacer pronósticos, aunque uno ocupe puesto tan importante. Irán, con pocas simpatías por USA, anuncia oficialmente que desde ahora hará sus operaciones petroleras en euros y yenes; es un palo para el dólar. Y en plena resaca para protegerse de la globalización, Japón fomenta las compras cruzadas de participaciones entre empresas nacionales, dificultando así las compras por extranjeras, que tanto aumentaron en la última década del siglo XX (recordemos Nissan, por ejemplo) e hicieron pasar las acciones en manos extranjeras de un 4% en 1988 a un 26% en 2006. Ahora toca replegarse.
Bien, ¿cómo va la crisis? Una buena señal es que baje el oro, una mala es que las peticiones de nuevos subsidios de desempleo aumenten hasta 380.000 (363.000 previstos); una buena es que la confianza del consumidor pase en abril a 62,3 (prevista 61) y una mala es que la compra de bienes duraderos haya bajado 6,1% en el primer trimestre; una menos mala es que el índice de gerentes de compras se haya situado en 48,3 y una muy mala es que las solicitudes de hipotecas hayan bajado 11,1%. El balance no es bueno; por algo la Reserva Federal sigue viendo débil la actividad económica y alta la expectativa de inflación.
¿También en Europa? Depende: hay buenos datos en Alemania, como el indicador de confianza, que se sitúa en 5,9 (previsto 4,6 y anterior 4,8), o el índice manufacturero, que se mantiene en 53,6; claro que la cruz está en el Deutsche Bank, que tras comprar a Citigroup sus negocios en Europa, presenta pérdidas trimestrales por 131 millones de euros (hubo de restar 2.700 millones por la crisis) y se dispone a ampliar capital por 17.000 millones. Otro banco afectado, el suizo UBS, despedirá a 8000 empleados. Sorprende que, tras esas cifras, el Banco de Inglaterra diga que los bancos han exagerado la crisis. Pero no todos los países de la Eurozona van como Alemania y, claro, las cifras globales son peores: el índice manufacturero está en 50,7 (previsto 50,8), el euríbor en 4,82%, el índice de confianza económica en 97,1 (prevista 99), el paro en 7,1% por tercer mes consecutivo (bajó en Alemania, pero subió en España), y la inflación se situó en 3,3% (antes 3,6%). Se confía en moderar la subida de precios y se trabaja en los gaseoductos que traerán combustible de Rusia (mientras USA extiende la OTAN, Rusia extiende la dependencia de sus combustibles).
¿Cuánto crece España ahora mismo? Algunos analistas dicen que al 1%, lo que sería especialmente grave, pero el Gobierno, escudándose en cifras anteriores, dice que al 2,8%. ¿Le hacemos caso? Y además, ¿qué hace para combatir la crisis? Claro que ya no controla la política monetaria y el tipo de cambio, recursos habituales antaño, y que sólo conserva la política fiscal. Pero nos habla de cambiar el modelo de crecimiento, de sustituir el ladrillo por el I+D como si eso se hiciese por arte de magia. Anotemos: 114.200 nuevos parados son de la construcción, 124.000 son de servicios; casi todos sin cualificación. Los primeros despedidos son los eventuales y hoy “disfrutamos” de 512.000 hogares en los que nadie tiene empleo. ¿Qué tal el panorama? Y otra cosa: el Gobierno espera déficit público por la crisis y para financiarlo quiere atraer a fondos soberanos, algunos radicados en paraísos fiscales; por eso exime de impuestos a las compras de deuda pública desde esos paraísos. Otros países europeos ya lo hacen. |