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La ciudad apesta a patriotismo, a dos de mayo y toda la mangancia que pretende identificar a Carlos IV con España, a María Luisa con la Virgen y a Fernando VII con el Espíritu Santo. Mucho desfile, mucha música ratonera, mucha autoridad tiesa para convencernos de que aquél fue un hecho glorioso y, sobre todo, de que hoy vivimos en el mejor de los mundos bajo el reinado de un descendiente de Fernando VII, Isabel II y otros ilustres. Que siga la juerga.
Decía Jardiel que “en toda obra teatral hay que repetir las cosas dos veces para que se entere el público, y tres para que se enteren los críticos”. Pues bien, en toda crónica que se precie ha de ser eliminada cualquier repetición: el lector es más listo que el hambre y en cuanto al crítico...ah, pero ¿todavía hay críticos? Por eso te diré una sola vez que en este país nadie tiene afán de lucro: todo se hace por la patria, sin cobrar. Ahí tienes el ejemplo de Taguas, hasta ayer director de la Oficina Económica de Moncloa y ahora nombrado presidente de SEOPAN, especie de patronal que las grandes constructoras mantienen para defender sus intereses. ¿Alguien insinúa que esas empresas, llámense ACS, Ferrovial o etcétera, tienen afán de lucro? En Moncloa, donde tanto saben, han dicho que no, y que por eso el fichaje de Taguas es “un asunto personal”, nada que manche la imagen de quienes se lo permiten. Taguas, tú sí que vales.
No debes sorprenderte, lector/a. La corrupción, ésa sí que merecería un ministerio, está tan enraizada en el tejido social que a nadie sorprende la marcha de Zaplana a Telefónica, la de Piqué a Vueling, la de Rato a tantos bancos, la de Aznar a sus consejos, la de Arias Salgado a Carrefour, y no sigo porque nos darían las doce enumerando; por la otra banda, la de Javier de Paz a Telefónica, la de Taguas, la de Felipe a sus asesorías multinacionales, la de tantos y tantos “exaltoscargos” a sus negocios y bicocas. Taguas merece al menos un monolito que recuerde su hazaña, pues su ejemplo será guía de muchos políticos presentes y futuros. El pueblo llano ha comprendido de qué va la cosa y en un bar del centro vocean “¡una de zaplanas!” para referirse a una ración de patatas pringadas. “¿Con mucho pringue o con poco?”, te pregunta el barman.
Menos mal que Zapatero, en un bonito ejercicio de nepotismo, ha nombrado a su primo José Miguel director adjunto del gabinete presidencial, lo que unido a la influencia creciente de su padre y hermano, reduce progresivamente España a un asunto de familia. Por eso no extrañan algunas decisiones: prorrogar hipotecas sin coste alguno, bonita mentira, pues tal prórroga es decidida por los bancos, que unas veces la conceden y otras no; por no hablar del pulso que Zapatero mantiene con los virreyes del partido a cuenta de la financiación autonómica. Quiere imponer disciplina a través del PSOE, pero Cataluña y Baleares, socialistas, han formado frente común con Madrid y Valencia, del PP, para defender la postura de las comunidades ricas frente a las pobres. ¿Descubrirá ahora el Presidente que todavía hay clases sociales?
En un restaurante de cinco tenedores se reservaron el mismo día todas las mesas: varios medios informativos acudieron con escuchas para seguir la conversación que en un reservado mantenían Rajoy y cuatro de sus colaboradores, en otro Zaplana y cinco de los suyos, en un tercero Caldera y Guerra, cuya relación echa chispas por la nueva fundación que pretende absorber a la Pablo Iglesias. La ciudad es un hervidero de conjuras, de manifiestos a la firma, de correveidiles: dicen unos adversarios de Rajoy que éste “no durará más de dos años”. Aguirre intenta atraer a Zaplana, cuya marcha a Telefónica recibió antes el visto bueno de Moncloa y sólo fue notificada a Rajoy por el interesado en el último momento. Mientras Acebes hace de puente colgante, atento a unos y otros, los”jóvenes turcos” del PP se reúnen para derribar a Mariano con unas elecciones primarias, y éste se ve obligado a descabezar una “tercera vía” formada por treinta parlamentarios; el todos contra todos se generaliza y parece muy difícil que el sorayismo logre pasar el Rubicón de junio. A fin de cuentas, Rajoy es un parvenú: ¿podría forzarse un pacto que le sustituya por alguien mejor visto por los grupos de presión que alientan el partido? Sí, Camps.
En Defensa hay nervios: Carme Chacón bajará el grado necesario para ser ayudante de campo (uno por Ejército) de la ministra, pues quiere que alguno de ellos sea una mujer. No sé si con eso funcionarán mejor nuestras Fuerzas Armadas; cuando veo a Chacón pedir en Afganistán a los soldados “un brindis muy especial por Su Majestad el Rey”, me pregunto si para decir eso hace falta ser socialista y estar embarazada. Bien está la igualdad de sexos, pero sería hermoso que los hechos confirmaran la ventaja del cambio. ¿Acaso llamarse Bernarda mejoraría el ridículo de un ministro de Sanidad que prohibe y autoriza sin motivo el consumo de aceite de girasol, que incluso reta a beberlo, en plan Fraga? Claro que para borrar los malos tragos nos queda Garzón: hoy condena a la alcaldesa de Mondragón por colaboración con el terrorismo y hace un año sentenció que ANV y ETA nada tenían que ver. Todo ello sin ánimo de lucro, naturalmente.
El miércoles se homenajeó a Wenceslao Fernández Flórez ante la casa donde vivió cuarenta años; estaban Gallardón y el ministro Molina, mucha gente. Se dijo allí que Wenceslao se mantuvo al margen de ambos bandos en guerra. Y el cronista optó por sonreír mientras recordaba lo publicado en ABC por el ilustre humorista: “El marxismo, religión de presidiarios, de fracasados, de contrahechos, de vividores, de perezosos, de gente cubil.... Porque el marxismo materialista es una doctrina intestinal y sus eclosiones resultan mefíticas. O quizás todo el secreto resida en que aquellos pobres cerdos no se lavaban.” Maldita memoria. |