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Que el agua es un recurso escaso lo sabemos todos y, que es imprescindible para vivir también, aunque en algunas zonas se tiene menos asumido y, como la hay, se piensa que no es un problema del que preocuparse, como el cambio climático.
Sin embargo va siendo hora de que todos y especialmente quienes pueden verse afectados por su escasez, comiencen a tomar serias medidas.
La costa mediterránea de forma especial, se ha transformado alarmantemente; yo que hace más de 30 años que la conozco puedo decir que no es que las ciudades crecieran mucho, sino que lo que proliferaron por doquier son las urbanizaciones, no especialmente los campos de golf sino las macrozonas residenciales y hoteles con jardines y piscinas. Media Europa tiene su segunda residencia en el Mediterráneo o en Canarias, complejos privados donde viven de lujo, lo que antes eran zonas deshabitadas es donde se levantan ahora cientos de viviendas; no creo que ningún país de Europa soporte tantas viviendas de no nacionales y en zonas tan concentradas.
El turismo ha sido y es una gran fuente de riqueza, pero no puede seguir siéndolo a cualquier precio; eso de que el que paga exige tendrá que ir adaptándose al uso racional de recursos, de forma que las exigencias no se sitúen por encima de los derechos de los demás.
Por otra parte, hay kilómetros de cañerías y conducciones obsoletas, formas de regar inapropiadas, pozos inutilizados desde que nos servimos del “agua de la traída” y falta de mecanismos que recojan y aprovechen el agua de la forma mejor posible.
Cambiar todo eso será costoso, pero es necesario, imprescindible y cuanto antes de inicien las obras antes dejará de derrocharse agua.
En Galicia el agua no falta, a veces sobra, aburre, aunque siempre es mejor que cocinar o bañarse con agua embotellada. La solidaridad ha de imponerse y tenemos que compartirla, no sin antes racionalizar la construcción e invertir en infraestructuras. La sobreexplotación del agua en esas zonas tendrá graves consecuencias, así que no queda más que tomar medidas ya. |