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Esto es increible: las terrazas siguen llenas y la gente no parece preocupada porque, según el FMI, nuestro paro rebase el 20% en 2010, y tampoco porque le deuda de las Administraciones Públicas supere hoy los 432.000 millones de euros. “Eso es dinero de bolsillo, argent de poche”, me dice el quiosquero, que ha iniciado un curso de francés por fascículos. Carla, recién llegada de Copenhague, me cuenta noticias de las cuatrocientas personas que esos días han disfrutado (hotel de lujo, todo pagado y un detalle gastronómico: hasta allá viajaron cincuenta jamones de bellota y novecientas botellas de buen vino) a nuestra costa: “Sobre todo les interesaba el asunto de Marichalar, que se ha puesto duro para negociar su divorcio y exige a la Casa Real una pasta gansa, además de un nuevo título nobiliario y el compromiso de mantenerle los consejos de Administración que disfrutaba en su época matrimonial”. El chico es desinteresado, según parece. Pero Carla viene con ganas de hablar: “Se contaban cosas de Tania Paessler, claro, pero también del brujo, dicen que a sueldo del Barcelona, que en cada partido hace vudú a Cristiano Ronaldo desde una grada del Bernabéu y ya ha logrado un esguince. También de la Legión, a la que un cambio en su Reglamento prohibirá usar patillas largas, barbas, camisas desabrochadas hasta medio pecho, tal vez la cabra”. No sigas, Carla, que me deprimo.
¿Por qué en el bar de la esquina nadie se muestra alarmado ante el desastre económico que vivimos y, peor todavía, el que se avecina? Se comenta, eso sí, la fiesta montada por el Ayuntamiento en la Plaza de Oriente para celebrar (¿?) la designación olímpica, y la próxima prohibición de los espectáculos taurinos en Cataluña, pues a los antitaurinos racionales (opuestos a la tortura y muerte de un animal) se unen los nacionalistas, deseosos de marcar distancias con España, a la que consideran “culpable” de los toros y el flamenco. Españolistas y antiespañoles, dos caras de la misma moneda. Sigamos con Cataluña, cuyo Estatut tiene en vilo a la clase política: se malicia en tabernas y clubes de alterne que a Emilia Casas le han ofrecido (si vota a favor, claro) entrar en el Consejo de Estado tras terminar su ciclo en el Constitucional y que el sector conservador quiere camelar al magistrado Aragón, progresista y crítico con algunos artículos del citado Estatut, ofreciéndole la presidencia de ese Tribunal si se opone a los deseos del Gobierno. Detesto los rumores, mas ¿qué puede hacer, sino publicarlos, un cronista arrojado en brazos de la acracia por falta de sobornos dignos? Suele decirse que la independencia es una virtud, un lujo, pero yo sostengo lo contrario: atacar a tirios y troyanos es un síntoma claro de decadencia y sólo es disculpable como último recurso para llamar la atención de posibles padrinos. Ahí tenéis a Solbes y a Jordi Sevilla, ayer ministros y hoy críticos con las decisiones económicas del Gobierno. ¿Qué recogen a cambio de su actitud? El desprecio de los socialistas que ven en Zapatero un manantial de cargos y palmaditas envenenadas del PP.
Vayamos al grano: ¿qué pasa con Tania? Carla, con sus ojos de veintipico años, la ve mayor, “pero bien conservada”. La realidad es que tiene treinta y tantos, que aparenta varios menos y que es una mujer guapa, fina, cultivada y políglota; no sorprende que, si es cierto lo que cuentan las lenguas viperinas, Gallardón haya estado muy a gusto viajando con ella por todo el mundo, pues el placer no es incompatible con la conquista de votos para convertir Madrid en un infierno olímpico y, de paso, arruinar un poco más a este pobre país, tan zarandeado ya. Me gustaría ir con Tania a ese restaurante “negro total” que ha sido inaugurado recientemente a imitación de uno londinense. “Negro total” quiere decir que no hay luz alguna, salvo las linternitas que usan los camareros para no deslomarse, y en esa negritud reside la filosofía del establecimiento: uno se enfrenta a la comida sólo con el sentido del gusto (no es correcto manosearla), y a los acompañantes con la propia capacidad verbal (y táctil, si es posible) de seducción, pero sin imagen. Hablar de Tania es, ya lo sabéis, hablar de Gallardón, un tipo ambicioso que por sortear la marginación de su propio partido hubo de inventarse una candidatura olímpica. Tanto él como Esperanza, que tanto pelearon por ser número uno, están fuera de todos los pronósticos, pues el sector más piadoso, llamémosle así, del PP ocupa el poder y no está dispuesto a cederlo. Rajoy, que lo sabe, le hace el juego y traga ante los desplantes de Camps, mientras Cospedal, que al parecer creía en los Reyes Magos cuando fue nombrada Secretaria General, pide la expulsión de quienes hacen negocios sucios y se enfrenta a los caimanes que van a misa de doce con pistola en la sobaquera; mientras, los voceros del llamado liberalismo anuncian la muerte de la socialdemocracia europea. Son insaciables: desaparecidos comunismo y socialismo, van ahora a por el último suspiro de lo que se llamó izquierda.
Carla, que ha regresado deslumbrada por un famoso deportista, me deja tiempo libre para pasar la noche en el bebedero, refugio sentimental de tantos derrotados. Allí me entero por boca de un exjesuita, hoy hereje, de que el Vaticano niega que los curas sean pedófilos y los define como “efebófilos”. El hereje, bebedor de trago largo, se enreda más de la cuenta en distinguir ambos conceptos y ha de ser interrumpido por un economista barbado que maldice “unos Presupuestos con grandes recortes en Educación, Ciencia y Cultura, lo que traduce fielmente la escala de valores del Presidente”. Alguna razón ha de tener si los investigadores, tan pegados siempre a su microscopio, alzan la voz contra esa política suicida que nos condena al subdesarrollo. “Es tiempo de berrea”, dice un agricultor que escribe poemas, “tanto en el campo como en la política”. ¿Tiempo de qué? “De berrea, de celo”. Ah, eso lo explica todo.
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