|  | | | | | Desde Ponteareas ya están saliendo 200 cajas que recorrerán el mundo. | | | |
"En el mundo hay dos clases de personas, los soñadores y los incrédulos; los primeros construyen el futuro, los segundos viven de lo que los soñadores construyeron". Esta es la filosofía de vida de Francisco Iglesias, un ‘soñador’ que intenta desde Ponteareas encontrar a otros como él en este hermoso planeta.
Y el mejor modo que ha encontrado ha sido el de lanzar al mundo sus particulares ‘botellas’ que "no envían, sino que recogen mensajes". Son cajitas de plástico que en su interior llevan un bloc de notas en blanco, una cámara desechable de fotos y un bolígrafo. La idea es que estas cajas vayan de mano en mano por donde el azar les lleve y, si hay suerte, regresen a Ponteareas con el tesoro de su periplo guardado en ellas. Francisco se ha hecho con la ayuda de ‘soñadores’ como él que han comenzado esta cadena. Con el patrocinio del colegio Santiago Apóstol de Ponteareas, ya ha repartido 101 cajitas y aún le queda por distribuir 99 más.
"Espero que vuelvan a mí la mayor parte, aunque para mí será un éxito este proyecto si recupero al menos 10", explica Francisco, quien desvela que con el material que consiga piensa hacer un cuaderno de Bitácoras, "un libro para que quien lo lea sienta las mismas sensaciones que hay en el interior de esas cajas", y de paso, "para que los crédulos lo pasen bien y los incrédulos alucinen".
El futuro y sus circunstancias
Francisco reconoce que este proyecto es difícil, pues han de darse muchas variables para que una de esas cajas de tupperware vuelva a su punto de origen. Cada fiambrera llevará el nombre de su primer portador. "Como la cámara es de 28 fotos, he calculado que cada caja deberá pasar por 14 personas antes de volver". Pero, confiesa, "toda esa cadena que tú estás montando, hay alguien que en algún momento se despista, o tiene un día malo, o la pierde. La grandeza del proyecto es ese, que es muy difícil".
Todo este montaje surge de la necesidad de Francisco de "demostrar empíricamente que tú no puedes planificar tu vida, por mucho que quieras, el futuro no depende de ti, el futuro depende de las circunstancias, tú estás creando todo ese camino, pero en ese camino hay toda una serie de variables que irrumpen en lo que tú tenías planeado".
Una de las dificultades, según Francisco, que encontrará todo aquel que decida ser portador de estas cajitas es el vértigo que produce a quien debe entregar la caja a otra persona. "Te da vértigo, porque ya no es el coste del material sino todo lo inmaterial que va dentro. Cuando te involucras en este proyecto, lo haces con mucha ilusión, pero cuando te toca pasar la caja, ya empiezas a dudar de todo, de todos, dices, ‘si este a quien se lo voy a dar lo corta, la historia ya se acaba aquí’. Ten en cuenta que tienes que mantener la tensión de la ilusión durante unas veinte personas".
Sí es posible
Pese a las dificultades, Francisco sabe que su proyecto tendrá éxito, porque ya lo tuvo una vez. En 2003, con sus propios medios, lanzó al mundo cajas similares a las de ahora. En aquella ocasión fueron 23 ‘botellas’, de las que, milagrosamente, volvió una.
"Aquella caja tardó dos años en volver. La devolvió ‘una viajera intrépida’ desde Madrid, después de haber viajado por Santiago de Compostela, Munich, Atenas, Siria, Jordania, Madrid. Es un subidón. Te tiene que gustar para que sientas eso".
De otras cajas tuvo ciertas noticias, aunque nunca volvieron. "Una de las cajitas de la otra vez se la quise dar a un amigo mío que iba todos los fines de semana a Arnoia. Él decía ‘me siento muy orgulloso de llevarla, pero es que yo sólo voy a Arnoia’; ‘bueno y qué’, le contesté. Se la llevó, y ese fin de semana coincidió que su hermana que trabajaba en Oporto fue a Arnoia a ver a sus padres. Se lo contó y dijo ‘me la quiero llevar’ y se la llevó. De Oporto, como otro hermano iba para Mallorca, devolvieron la caja a Vigo para que se la llevase, se le olvidó y quedó en Vigo. Llegó el verano y se iba a Recife, Brasil, y llegó a Recife. No supe más de la caja. La chica volvió y la dejó allí".
Una tercera caja llegó a viajar a los Estados Unidos. Francisco lo sabe porque un anciano de 84 años le envió una carta manuscrita en la que le daba cuenta de la existencia de esa caja, le trasmitía su agradecimiento por "la ilusión tan enorme de que existan proyectos como éste" y le animaba a continuar regalando sueños al mundo. "La carta tenía tachada la fecha del 11 de marzo de 2004. A mano, aquel hombre de New Hampshire reescribió otra fecha, el 14 de marzo, y transmitía las condolencias a todos los españoles por la tragedia de los atentados de Atocha", cuenta Francisco, con un punto de emoción en su voz.
En esta ocasión, Francisco cuenta para seguir los pasos de sus cajitas con la inestimable ayuda de Internet. En su página web se registrarán todos los pasos que vayan dando estas botellas, en función de la información que vaya recibiendo. ¿Cuándo volverán? Eso nadie lo sabe. "Y tampoco es importante". No lo es, porque Francisco sabe que regresarán algún día. Porque, dice, "el mundo está lleno de soñadores". |