|  | | | | | Primer experimento eólico con fines comerciales en Galicia, desarrollado en Santa Comba. | | | | Galicia se ha convertido desde hace años en un referente en el
desarrollo de la energía eólica. Es la comunidad española líder en
producción, gracias a unas condiciones de viento excepcionales, que la
sitúan como el sexto país del mundo que más electricidad genera a
través de los aerogeneradores. Pero los comienzos no fueron, ni mucho
menos, sencillos.
Según los datos de la Consellería de Innovación, la comunidad
gallega cuenta con más de 3.000 molinos repartidos por más de un
centenar de parques. Todos ellos han conseguido variar la clásica
estampa de los montes, pero la primera vez que se colocó un molino de
viento con fines comerciales provocó poco menos que una revolución en
el concello coruñés de Santa Comba, el municipio que pasará a la
historia como el pionero de este tipo de energía.
Corría el año 1983, y en la capital de la comarca de Xallas --famosa
por su abundante cabaña ganadera-- la empresa Engasa (Energía de
Galicia, S.A) instalaba un extraño molino, ante el asombro de los
lugareños allí presentes. Era el primer aerogenerador que se conectaba
a la red eléctrica en Galicia, en un momento en el que pocos ilusos se
creían que el viento podía ser aprovechable para generar electricidad.
Como preveían los agoreros, el proyecto de Santa Comba terminó
siendo "un desastre". Así lo reconoce el presidente de Engasa, Benito
Fernández, quien todavía conserva con cariño algunos de los permisos
necesarios para poner en marcha la idea. Al fin y al cabo, esa
experiencia pionera abrió para que Galicia sea hoy una potencia en la
explotación de este recurso.
En todo caso, el primer interrogante de esta historia tiene que ver
con la ubicación. "Elixiuse este concello porque tiñamos alí un socio
local, Electra de Santa Comba, a quen lle vendiamos a electricidade",
recuerda Fernández. Pero ésta no fue la única razón por la que el
negocio eólico se inició allí, y no en las zonas de montaña, donde está
situada la amplia mayoría de los aerogeneradores.
Los pioneros del viento en Galicia utilizaron un generador
denominado Wind–Matic, de origen nórdico. Y para determinar el sitio en
el que se instalaría, aterrizó en Galicia un técnico llegado
directamente de Dinamarca. Su misión estaba clara: elegir una zona en
la que soplase viento suficiente para que el negocio resultase
rentable. En la práctica, esa elección no resultó demasiado fructífera.
El sitio se eligió "a ollo"
Por increíble que parezca, el técnico nórdico se recorrió parte de
Galicia en búsqueda de zonas aptas para el negocio eólico. Y lo hizo
sin utilizar anemómetros, tal y como se calcula en la actualidad la
velocidad del viento. "O certo é que tiña bo olfato, porque determinou
as zonas a ollo e sen medidores", recuerda el actual presidente de
Engasa.
Pese a valerse de mecanismos rudimentarios, el técnico sólo erró a
medias. No andaba descaminado, porque en la actualidad sí existen en
Santa Comba parques eólicos. Su único fallo fue el emplazamiento
exacto. "Acertou o municipio pero errou no sitio", resume Benito
Fernández, quien reconoce que el experimento eólico "saíu mal porque
non había vento". En el lugar elegido soplabla a 4 metros por segundo.
Hoy en día, lo habitual es que ronde los 7 metros por segundo.
El primer aerogenerador de Galicia conectado a la red empezó a
funcionar en la primavera de 1983. Pero su puesta de largo pasó
totalmente desapercibida en los medios de comunicación del momento.
"Non houbo ningunha reseña na prensa", lamenta todavía Fernández,
máximo representante "da única empresa que se atreveu" a apostar por
esta energía renovable.
Triste final
La historia del primer aerogenerador gallego conectado a la red tuvo
un triste final. A la falta de viento se le unieron diversas averías,
que mantuvieron al molino en el dique seco durante muchos meses.
Paradójicamente, fue una tormenta la que terminó para siempre con el
Wind–Matic de Santa Comba. Por suerte, los molinos que pueblan los
montes gallegos son bastante más resistentes a los temporales que aquel
modelo danés.
La experiencia tuvo, además, un efecto perverso entre las empresas
eléctricas. Los socios de Engasa quedaron escaldados, hasta el punto de
que "na primeira hornada non participamos porque non criamos no tema".
"Durante moitos anos quedou a idea de que non funcionaba", confiesa 25
años más tarde. |