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Las ostreras de La Piedra, en peligro de extinción

19/03/2008
Isaura prepara un plato de ostras a un cliente.

“Unas ostriñas, que están muy ricas”. ¿Quién no ha escuchado alguna vez esta frase en La Piedra? Se trata de la historia más pura de la ciudad de Vigo. Tanto es así que Isaura Pérez lleva más de medio siglo, concretamente seis décadas, en su mesa de la popular calle de las ostras. Es la ostrera más antigua. “Comencé a trabajar aquí a los doce años y desde entonces no he faltado, pero esto ha cambiado mucho”, indicó mientras abría el marisco para que los escasos turistas comieran, más si cabe, por los ojos que por la boca.

Su sonrisa dulce, su don de gentes y sus incansables ganas de trabajar a pesar de la edad hacen de Isaura una de las ostreras más queridas entre los compradores habituales. “Tengo muchos clientes fijos”, apuntó. Como curiosidad, un turista aseguró elegir las ostras de esta gallega del Puente de San Paio porque tenía “la misma cara de buena mujer” que su abuela. Y es que en ningún otro lugar de España puede encontrarse una tradición similar a la que Vigo ofrece en el seno de su casco antiguo.

Sin embargo, ser ostrera es una labor “muy dura”. “En verano se está bien, pero en invierno pasas mucho frío y ganas poco. Hay veces que no te llega ni para el gasoil”, señaló. Algo que no ocurría hace unos años. “El euro ha influido mucho en el descenso de las ventas. La gente gana menos porque no tiene para llegar a final de mes y eso nos afecta mucho a nosotras. Para este oficio es preciso que dos personas estén pendientes de él, en este caso mi marido y yo. Además, debemos tener un vehículo apropiado para el mantenimiento del producto”, continuó. Y es que los hasta 10 euros que cuesta la docena de ostras, depende del tamaño, resultan cada vez más complicado sacarlos del bolsillo.

Pero como todo lo relacionado con el turismo, el negocio es lo que prima. Los turistas que interesados en darle un lujo al estómago pueden sentarse en la terraza de cualquiera de las marisquerías de la calle con su plato de ostras, eso sí, sin el limón necesario para comerlas. “El limón lo ponen los restaurantes que para eso lo cobran bien caro. Creo que a un euro o así… Les beneficia mucho porque ellos cobran la  bebida y el resto de raciones que pidan”, aseveró.





































Como Isaura, Termitas Bouzón y María del Carmen Rodríguez también han visto pasar su vida junto al mercado de La Piedra. Ambas heredaron el puesto de sus progenitoras hace ya 57 años “para poder comer”. Manifiestan su temor de que en unos años desaparezca la tradición porque “hasta el momento no hay nadie que no sustituya. La gente joven no quiere dedicarse a esto porque es muy complicado y cada vez va a menos”.

Conscientes del esfuerzo de estas mujeres a lo largo de toda su vida, la tenencia de alcaldía de Vigo ha solicitado a la Administración pública otorgar la medalla para el mérito en el trabajo. Hasta el momento la petición se encuentra en estudio.

 

 

    
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