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¡Qué molesto es ser informador de noticias causantes de preocupaciones! Lo aprendí en mis lecturas infantiles: nadie quería llevar al rey la noticia de la derrota. Corría el riesgo de que el malestar desencadenado por la información se volviese contra el informante. Vamos: hacer oposiciones a ser sujeto pasivo de atribución de la frase "matar al mensajero". Y eso es lo que me veo obligado a hacer estos artículos: advertir del lado oscuro de los modernos medios electrónicos de comunicación y ocio (en adelante denominados "medios").
En la 1ª parte de este artículo creo que quedó claro que los tales "medios" podían ser perjudiciales por tres aspectos;
1. Ocupar desproporcionadamente el tiempo de sus usuarios, restringiendo su dedicación a otras actividades necesarias para un desarrollo armónico.
2. Ofertar contenidos dañinos para los menores: violencia, obscenidad, sexo, xenofobia, drogas, etc.
3. Causar daño en la personalidad y rendimiento del usuario: dependencia del "aparato", fracaso escolar, trastornos de conducta y atención, ansiedad, inadaptación, resistencia a factores estresantes, empobrecimiento de las habilidades socio-comunicativas llegándose a hablar de un nuevo tipo de autismo.
Y podríamos añadir un 4º. Allá va:
4. Poner en peligro la seguridad del que los maneja. Me refiero a Internet. Dar a conocer nuestros datos bancarios o facilitar información sobre el internauta o su familia en las conversaciones electrónicas ("chatear"), pueden debilitar nuestra seguridad económica e, incluso, personal.
¿Qué se puede hacer para enseñar a nuestros hijos el uso responsable y enriquecedor de los "medios"?
Tal vez habría que empezar por la "pre-historia". A los niños se le educa desde su etapa de bebés. Poco a poco van haciendo suyos los valores y pautas que los padres siguen. De ello se deriva que, si los padres no viven lo que tratan de enseñar, los niños no seguirán las indicaciones recibidas o, lo que es peor, se convertirán en pequeños monstruitos avezados en el arte del fingimiento, sin involucrarse verdaderamente en el seguimiento de unos principios normativos. Por ello, la oferta de unos modos de vida saludables ha de ser previo a la aparición de los medios en el horizonte de interés del niño. Estas ofertas saludables no son una mera alternativa a otras: son buenas por sí, y así debe el niño considerarlas. La lectura, la práctica deportiva y actividades al aire libre, la relación con sus pares, la participación en tareas altruistas, el asociacionismo (club juveniles)… son actividades buenas por sí y no paliativos a la práctica de conductas menos saludables. El niño ensimismado con la vídeo-consola ya ha suspendido esta lección.
Pero vamos a lo concreto. Tenemos el aparato en casa. ¿Cómo domamos al "bicho"?
La Asociación Española de Pediatría ha dado una serie de consejos en su página sobre el uso de Internet (www.aeped.es/proteccioninfantil.htm), que trascribo:
1. Sólo dejar que tu hijo/a navegue por Internet si está en casa una persona adulta.
2. No poner el ordenador en la habitación de tu hijo/a o en cualquier caso, poner la pantalla de forma que esté visible a quien entra o está en esa habitación.
3. Ser capaz de manejar el ordenador al menos al mismo nivel de habilidad que tu hijo/a, de modo que sea consciente que estamos con capacidad de controlarlo.
4. Utilizar todos los sistemas de protección actualmente disponibles para evitar el acceso a páginas no aprobadas a menores.
5. Hablar habitualmente con tu hijo/a respecto a la "navegación" en Internet, tratando de tener información de o que ve y lo que consulta.
6. Enseñar a tu hijo/a que cuando se conecta a un Chat no debe dar, ni pedir, direcciones, números de teléfono o cualquier información que pueda identificarlo. Ser claros, sin alarmar, sobre los riesgos que pueden derivarse de "chatear" con desconocidos.
7. Evitar que tu hijo/a esté en Internet (particularmente en un Chat) durante la noche. Alertarlo de que debe avisar a sus padres, siempre que algún "amigo del chat" insista respecto a informaciones o hábitos personales o sobre su familia.
8. Navegar y chatear algunas veces junto a tu hijo/a, para inducirlo a una mayor confianza con los padres respecto a los contenidos de sus conversaciones en la red.
9. Tratar, en la medida de lo posible, de evitar que u hijo/a tenga su propio e-mail del cual sólo el/ella conozca la contraseña de acceso.
10. Construir junto a tu hijo/a "reglas consensuadas" para navegar en Internet, sin imponérselas.
Vamos a comentar algunos de estos puntos.
Es muy bueno que el padre, la madre, acompañe a sus hijos en el aprendizaje de nuevas habilidades, especialmente aquellas que tiene especial resonancia en su persona. Vamos, que una cosa es aprender a jugar al parchís – aquí los padres pueden ser sustituidos por otra persona – y otra muy distinta es la manera de relacionarse con sus amigos (Vg.: en su primera fiesta "pública" de cumpleaños). Los niños son como esponjas: si el "líquido" del ejemplo paterno es bueno, absorberán unas buenas normas de conducta. Estar con nuestros hijos al empezar a familiarizarse con el ordenador, hacerle ver unas pautas de conducta saludables, pautas que los niños ven realizar a su padre/madre, es sin duda un buen comienzo. Posteriormente habrá que seguir con la supervisión de su actividad. Por ello, siempre que el niño/a acceda a Internet (o vea la TV) es aconsejable que haya un adulto en casa.
Muchos niños tienen un aparato en su dormitorio. En la encuesta efectuada en Redondela (vid. 1ª parte de este artículo), un 35,1% de los encuestados manifestaban tener un televisor, un 21.3% un PC y un 5,4% podían acceder a Internet desde su dormitorio. Otro dato de la misma encuesta: porcentaje de niños al que sus padres limitan el uso de los medios. Para la TV: 54.4, consola: 51, ordenador: 36,8, móvil: 25,6. Parece haber una manifiesta tolerancia -¿inconsciente?- con respecto a tan peligrosos "compañeros de fatigas". De todas formas: ¿qué control es posible con los niños que tienen el "medio" en su habitación? A mi me parece que tal situación se podría definir como la dejación por los padres de una importante faceta educativa. Si lo que se pretende es que los niños no den la lata, bien: póngasele un TV o un PC en su habitación, pero ¿qué uso le dará al "medio"?, ¿utilizará la TV fuera de horario de protección infantil?, ¿qué conexiones de Internet establecerá con su ordenador?, ¿cómo supervisarán esto los padres (los enlaces de Internet efectuados quedan recogidos en el "historial" del PC, pero pueden manipularse)?
Es muy práctico el consejo que se nos indica el número 2º: que los aparatos estén en un lugar visible, donde no pueda darse confidencialidad. La posibilidad de que un adulto pueda sorprender al menor en una actividad desaconsejable actúa como factor disuasorio. Las casas son pequeñas, las habitaciones las justas. Está claro que no todo el mundo dispone de una "sala para el ordenador". Bueno, pero está el comedor, la sala de estar, incluso un recodo del pasillo o, temporalmente, la habitación del niño: siempre que el "medio" no "duerma" en ella y que su pantalla esté orientada hacia la puerta, de tal manera que pueda verse lo que esta haciendo el niño. ¿Qué parecen medidas exageradas? Más bien medidas prudentes.
Existen filtros, programables por el administrador (en este caso: los padres) del ordenador para evitar ciertos contenidos de la red que se consideran indeseables. Así: obscenidad, violencia, sexo, juegos de apuestas, xenofobia… Hay que contratarlos y programar qué temas han de ser evitados. Les indico dos de pago: Edunet y CanguroNet. Los pueden localizar fácilmente en el buscador de Internet, así como otros filtros: sólo tiene que introducir las palabras filtro e Internet en él. Microsoft ofrece un programa gratuito para realizar una navegación segura: Windows Live OneCare Protección Infantil. Estos filtros, sin ser la panacea, ayudan a evitar información nociva en el ordenador: cuando el usuario quiere entrar en una página "prohibida" (que él se ha "autoprohibido", recuerdo), se oculta la página en cuestión y no se permite avanzar en esa dirección.
El tema va para largo. Por el momento lo dejamos aquí y seguiremos con él en el próximo artículo.
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