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Castor Cordal Garrido era un sindicalista de 27 años. Se dio cuenta de que iban a ir a por él y se escondió en diferentes lugares hasta que un delator lo descubrió. Según su hermana Josefina -que vive todavía- se lo llevaron fuerzas de la guardia civil y falangistas de la aldea con los que había tenido desencuentros políticos. A su familia les dijeron que había escapado a Portugal.
Ramón Barreiro Rodríguez, periodista republicano de 19 años, escribía en gacetillas locales y era conocido por la acidez de su literatura. Para que cantasen donde se había escondido su hijo, dieron una paliza a los padres. Su madre fue violada y rapada al cero. No tardó en morir. La familia nunca supo donde estaba, pero siempre mantuvieron viva su memoria.
Sus cuerpos acaban de aparecer en una fosa común, situada en la localidad pontevedresa de Barro. Sos dos de los aproximadamente 5.000 gallegos que se calcula que fueron represaliados durante y tras la Guerra Civil. Las exhumaciones las realizó la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, una agrupación de voluntarios que lleva años buscando los lugares en los que fueron enterrados víctimas de la represión franquista. Uno de sus fundadores es el escritor Santiago Macías (Ponferrada, 1972).
Pregunta: La exhumación de Barro no es la primera que hacéis en Galicia, pero ha sido una de las que más atención mediática ha acaparado, tal vez por lo duro de las historias de las víctimas. ¿En qué consiste vuestra labor?
Respuesta: Este trabajo lo estamos haciendo por toda España. Tratamos de localizar fosas comunes en donde se sospecha que han sido enterradas personas represaliadas durante la Guerra Civil y el período franquista, para poder identificarlas y devolver los restos a sus familias. Las imágenes se repiten siempre. Una familia con una angustia terrible, porque han pasado ya 73 años. Eso es muy díficil de aguantar, especialmente para aquellos que aún viven. Puede parecer que una exhumación es algo doloroso para las familias, pero creo que es el momento más terapéutico para ellos. Es la escenificación del funeral que nunca tuvieron sus víctimas.
Si se da una vuelta por el país, la cultura de la muerte está muy arraigada y este proceso es algo a lo que necesitan aferrarse los familiares, a ese momento que nunca tuvieron. Son momentos que no se quieren perder y cuando nos llevemos los restos y los devolvamos identificados, el proceso se repite, se velan los restos y se llevan al cementerio.
P: ¿En cuánto tiempo se puede realizar una identificación positiva de los restos que recuperáis de este tipo de exhumaciones?
R: Depende del estado en el que estén. El grado de conservación de los cuerpos es el grado de dificultad. Hace poco, en una de nuestras actuaciones en Mondoñedo (Lugo) en un mes estaba listo. En este caso puede que su identificación también sea rápida, porque hay datos conluyentes como la amputación de miembros, la fisonomía de las víctimas, la aparición de varios objetos... por lo que esperamos tener resultados pronto.
P: Hemos visto cómo los familiares han estado desde el primer día acompañando a los arqueólogos. ¿Es normal que acudan a presenciar estas exhumaciones?
R: Como decía, se trata de una escena que se repite. Las familias de estos dos hombres les han estado buscando durante muchos años. Necesitan estar presentes para desahogar esa angustia que han soportado todos estos años. Y eso que con un poco de interés se les podría haber ayudado hace tiempo. Es algo que no pone en peligro ni una transición, ni no sé qué heridas abiertas, ni nada por el estilo. Es un acto de justicia que cierra heridas y no las abre.
P: Precisamente la memoria histórica y la investigación de los crímenes de la Guerra Civil se ha convertido en un asunto que ha generado muchos enfrentamientos políticos. ¿Qué os parece que se utilice este tema como arma política?
R: Es chocante que haya gente que diga que el pasado hay que dejarlo atrás y se niegue a las familias la posibilidad de recuperar a las víctimas. Eso no responde a un intento de dejarlo atrás, sino de perpetuarlo. Hay gente que está muy a gusto con este pasado. Ellos son los primeros que politizan este asunto. Se politiza desde que hay partidos políticos que no están a favor de todo este proceso.
Yo creo que es algo de derechos humanos, independientemente de la ideología que uno tenga. Pero claro, todos sabemos qué pasó en el país y quiénes son los que están en las cunetas. Es rocambolesco. Me gustaría que hubiese una comisión de políticos viendo lo que hacemos y que nos digan qué heridas estamos abriendo, si corre riesgo la integridad del país o si se rompe algo. Que se lo digan a los familiares.
P: Desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica insistís en que lo principal no es saber quiénes fueron los responsables de esos crímenes. ¿Por qué adoptásteis esa perspectiva?
R: Creemos que no sólo hay que investigar a los culpables, porque eso es de dominio público. Todos sabemos quienes fueron los que perpetraron esos crímenes. En muchos casos llegamos muy tarde. Pero el mayor esfuerzo tiene que estar encaminado a saber en dónde fueron enterradas las víctimas y poder darles una identidad. Todo eso también es investigar los crímenes de la Guerra Civil.
P: ¿Estáis decepcionados por el rumbo que ha tomado la investigación judicial de estos crímenes?
R: Es paradójico que el primer encausado por los crímenes del franquismo sea Baltasar Garzón que es quien intentó investigarlos. Cuando Garzón desde la Audiencia Nacional quiso investigar los crímenes de la Guerra Civil, los que politizan este asunto dijeron que cómo se iba a llevar a un hombre de 90 años ante el juez. ¿Por qué no? A los nazis, en Alemania, se les sigue persiguiendo y los etarras, aunque pasen 30 años, siguen siendo buscados irremediablemente. ¿En qué año empieza la impunidad en este país? ¿O es más bien algo de afinidad?
P: Siempre se dijo que Galicia fue una de las comunidades españolas en donde la represión fue más dura. ¿Os está siendo fácil investigar este asunto?
En Galicia hay muchas fosas. Queda mucho trabajo por hacer, porque no se trata sólo de abrir fosas, sino también descubrir dónde están y quiénes están enterrados en ellas. Es una pena que se hayan hecho muchas cosas en relación a la memoria histórica en Galicia y aún así no se haya colaborado abriendo fosas ni tampoco investigando. Hay un proyecto interuniversitario que se ha dedicado simplemente a cuestionar el trabajo, en lugar de ayudarnos, y nos hubiese hecho mucha falta. Nuestro mayor respaldo viene de las propias familias que nos proporcionan toda la información de la que disponen y se implican en el proceso desde el primer día.
P: En Galicia, se ha comentado que el cambio de gobierno ha supuesto un freno en el proceso de recuperación de la memoria histórica, y en concreto en este tipo de exhumaciones.
R: En el caso de estas exhumaciones no entiendo donde está el freno, porque el freno ya estaba puesto con el bipartito. No hicieron nada absolutamente en este tema. Estas familias vivían en Galicia cuando gobernaba el bipartito, esta fosa ya estaba aquí cuando gobernaba el bipartito y no hicieron nada. Se dedicaron a otro tipo de actos relacionados con la memoria histórica. Pero lo más urgente que es venir aquí a rescatar los restos y devolvérselos a sus familiares, ya que muchos de ellos tienen una edad considerable, eso no lo han hecho, Y algo de justicia.
P: ¿Os sentís respaldados por las administraciones?
No, desde luego que no. A falta de una administración comprometida con este tema, paradójicamente es una asociación de voluntarios la que está garantizando el cumplimiento de los derechos humanos. Es muy triste decir esto, pero es así.
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