| Que Rosalía de Castro es un símbolo de galleguidad y de la cultura de la tierra de Breogán es indiscutible, pero la periodista lucense Marta Rivera de la Cruz ofreció una nueva perspectiva acerca de la autora de Padrón.
En la Casa de Galicia de Madrid, recibida por su director, Alfonso S. Palomares, Rivera de la Cruz quiso desmitificar y aclarar diferentes aspectos de la vida y el trabajo de Rosalía, empezando por su infancia, sobre la que existen contradicciones, ya que es popularmente conocido que la escritora era hija de un cura pero, oficialmente, era hija de nadie.
Huérfana en el registro y destinada a vivir en una inclusa, fue una de las criadas de la familia de la madre quien se hizo cargo de ella en sus primeros días hasta que la recogieron dos tías paternas.
“Rosalía llevó siempre el estigma de ser hija de soltera, con una madre permanentemente ausente”, explica Rivera de la Cruz, quien añade que era una niña alta, que solía estar enferma.
“En una ocasión, estando enferma, sus tías la llevaron a una piedra y se curó, por lo que entendemos que Rosalía participaba desde pequeña en las supersticiones y tradiciones”.
Su madre la recogió en la adolescencia, cuando tenía 36 años, y se fueron a vivir al Pazo de Retén, en Padrón, propiedad del abuelo materno de Rosalía. “Allí tuvo acceso a la biblioteca del Pazo, que no era muy grande, pero sí había textos en francés ya que su abuelo era conocedor del idioma. Se dice que ahí pudo empezar a escribir sus primeros versos de los que no se conserva nada”.
Para Rivera de la Cruz, en estos primeros años, Rosalía fue receptora de cultura popular, ya que fue criada por personas sin formación. En 1850, cuando se traslada con su madre a Santiago de Compostela es ya cuando entra en contacto con el panorama intelectual, se apunta al Liceo de la juventud y es alumna de música, dibujo, toca la guitarra y se interesa por el teatro. Durante esta etapa, “el mal momento vivido por los labriegos le hizo reflexionar”.
Con 19 años se trasladó a Madrid. “No se sabe bien por qué se hizo este traslado, podría ser por su afán de triunfar en el teatro, pero es poco probable dada su timidez. Otra razón podría ser alejarla del ambiente del Banquete de Conxo, un revulsivo social. Pero lo más probable es que fuese a solucionar un pleito que su familia tenía que dirimir en Madrid y al que su madre no podía asistir porque estaba débil”. En Madrid escribió sus primeros versos en el volumen titulado La Flor. “Alguien se fija en ella y es Manuel Murguía, quien solía escribir críticas para periódicos y alabó su obra en La Iberia, donde dijo ‘Ha nacido para ser algo más que una mujer’”. En 1858 se casaron, en menos de dos años tras conocerse y en 1859 nació su primera hija.
Su esposo. “Rosalía recibió una gran influencia de su esposo. Murguía era un hombre culto que la anima, lo contrario a lo que hacían los hombres de la época, que llegaban a firmar las obras de sus esposas”, opina Rivera de la Cruz. “Murguía le hará tomar conciencia del empleo del idioma gallego para la importancia de su obra y estar entre los autores del resurgir del gallego tras los séculos escuros. Es un idioma que Rosalía conoce y en el que se expresa con fluidez, ya que es el de su niñez. Cuando se trasladó de joven a Santiago utilizaría el castellano”.
No obstante, Rosalía no estaba segura de la calidad de su obra, y una recopilación tan importante como Cantares gallegos, que Murguía llevó a escondidas a una imprenta de Vigo cuando todavía estaba sin terminar y para la que Rosalía fue enviando poemas a medida que se iban trabajando las planchas, la hizo dudar. Cuando Rosalía se enteró del atrevimiento de su marido, según Rivera de la Cruz, le propuso a Murguía que la firmase él.
“Cantares gallego se publicó en 1863 y Rosalía suena como la voz del pueblo. Intenta rescatar a Galicia de esa fama de ignorancia y vulgaridad. Intenta reivindicarla. Unamuno llegó a sentirse ofendido por el texto que hacía referencia a los castellanos y el trato que daban a los gallegos, de lo que llegó a decir ‘Eran ellos los que se trataban mal para ahorrar los cuartos y luego gastarlos en su tierra’”.
Asimismo, Rosalía tampoco se sentía segura de su belleza, y otro de los aspectos que destaca Rivera de la Cruz es que nunca dejó que se la retratase pese al éxito boca a boca que logró este libro y por el que los medios se interesaron la figura de la autora.
Rivera de la Cruz ve un punto de inflexión en la vida de Rosalía cuando Murguía es nombrado secretario del archivo general de Simancas, ya que Rosalía se queda a vivir en Galicia, enamorada del paisaje de su tierra, mientras que su esposo se traslada hasta su lugar de trabajo. “Ahí Rosalía sufre de mala salud, soledad, problemas económicos y muere uno de sus hijos tras caer de una mesa en la que le había puesto la niñera, además de que posteriormente da a luz a un niño muerto. Rosalía nunca se recupera y en Follas Novas (1880) aparece su poesía más personal”.
Negra sombra es uno de los poemas que se encuentra en este volumen. “Acostumbrados a escuchar este poema musicalizado, no prestamos atención a la hondura de la letra. Hablar de Rosalía como mujer depresiva es hablar con ligereza”.
Por otro lado, Rivera de la Cruz hace también referencia a otro episodio de la vida de Rosalía que marca su carácter de los últimos años de vida. Al convertirse en una figura pública se crea enemigos también y especialmente llegaron cuando publicó en El Imparcial dos artículos de costumbres gallegas. En ellos se recoge que cuando un marino que lleva mucho tiempo en el mar toca puerto, la casa en la que se acoge pone a disposición de él a la hija mayor o a la esposa del dueño para que comparta lecho con el marinero. “Esto no está comprobado, el que existiese esa tradición, pero desata las iras populares al verse como salvajes a los gallegos. Rosalía jura odio eterno y el poemario En las orillas del Sar se publica en castellano”.
En cuanto al idioma de sus composiciones, Rivera de la Cruz abrió el debate. “Unamuno dice que lo más íntimo lo escribe en castellano. Es un atrevimiento corregir a Unamuno, pero Follas Novas contiene poemas desgarradores como Negra sombra. Su correspondencia es en castellano y en este idioma escribe a la muerte de sus dos seres más queridos, su madre y su hijo”.
Rosalía murió un año después de esta publicación y, finalmente, Rivera de la Cruz la definió como “una mujer insatisfecha con su vida. En sus versos idealiza el amor por Galicia, su tierra, pero no fue feliz siempre allí, por la soledad, pero estaba enamorada del paisaje gallego”.
Marta Rivera de la Cruz nació en Lugo en 1970. En 1988 se trasladó a Madrid para cursar estudios de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, por la que se licenció en 1993. Realizó estudios de postgrado en la misma facultad, obteniendo el título de Especialista en Comunicación Política y completando el tercer ciclo de Doctorado en el departamento de Filología. Fue durante esa etapa cuando integró el equipo fundador de la revista electrónica Espéculo, primera publicación literaria española difundida vía Internet.
En 1996, y tras ser finalista del Premio JB de Novela Corta, obtuvo una beca para pasar un trimestre académico en la Universidad de Oxford, donde siguió dos cursos como alumna y fue invitada a pronunciar una conferencia por el Departamento de Español. Durante su estancia en Oxford empezó a escribir Que veinte años no es nada, con la que, en 1998, obtuvo el Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla.
Publicada por la editorial Algaida, la novela resultó ser un éxito de crítica y de ventas: se hicieron tres ediciones de cinco mil ejemplares cada una, además de una edición de bolsillo y otra de quiosco.
En 2000 publicó Linus Daff, inventor de historias, con la editorial Plaza y Janés, y en 2002 Hotel Almirante, con Espasa.
También es autora de tres libros de ensayo: Fiestas que hicieron historia, Tristezas de amor y Grandes de España, y ha publicado relatos cortos en diferentes volúmenes colectivos.
En 2006 fue finalista del Premio Planeta de Novela con En Tiempo de Prodigios. Como editora fue responsable de la recopilación Cuentos de Navidad (Espasa), una antología de clásicos literarios navideños, de la última edición del ensayo La ciudad de las Columnas (Espasa), de Alejo Carpentier y del volumen 18 Cuentos Móviles (Imagine Ediciones).
Como periodista, Marta Rivera de la Cruz ha desarrollado su labor en diferentes medios audiovisuales y escritos. En la actualidad colabora habitualmente en El País Semanal y en el programa de radio Al sur de la semana, de la Cadena COPE. Además, ha publicado artículos y reportajes en revistas como Marie Clarie, Vogue o AR.
Para Alfonso S. Palomares, Rivera de la Cruz es “una de esas mujeres que contribuirá a que el siglo XIX sea el siglo de las mujeres. Estamos viendo la tragedia de la liberación de la mujer. Es una gallega ejerciente, de raíces profundas. Su cultura cosmopolita es por acumulación sobre su identidad radical, que es la gallega. Es una gran cronista que logra combinar cantidad con calidad”.
Por su parte, Rosalía de Castro nació en Santiago de Compostela en 1837 y murió en Padrón en 1885. Figura clave del Rexurdimento galego, también produjo literatura en castellano, y fue considerada, junto a Bécquer, gran representante de un Romanticismo tardío. La autora contribuyó en sus últimas obras a la renovación métrica que anunciaba el Modernismo. Y, como mujer consciente del papel secundario al que estaban relegadas culturalmente en su época, quiso dejar claras algunas otras cuestiones. Para Palomares, Rosalía es “una mujer fundamental en el origen literario de Galicia”.
La figura de Rosalía ha sido reivindicada también como precursora del feminismo y así se puede considerar en tanto que algunas de sus obras en prosa reivindicaron el papel de la mujer en la cultura. En lengua castellana compuso narraciones como La hija del mar (1859) y El caballero de las botas azules (1867), revalorizada recientemente, en las que trata el tema de la dignificación de la mujer. Las literatas (Cartas a Eduarda) (1866), es un artículo sobre la condición femenina en que la autora advierte de la atribución de obras de mujeres a hombres, especialmente a sus maridos. En esta carta Nicanora aconseja a Eduarda que no escriba, que no publique, que rompa sus poemas, en un ejercicio de sarcasmo contra el estatus al que eran apartadas las mujeres creadoras.
Aunque Rosalía siempre quedará en la memoria como poetisa. A los 20 años publicó su primer libro poético, La Flor, en castellano y cercano al Romanticismo de Espronceda. A esta obra siguió Cantares gallegos (1863), en la lengua natal de la autora, que sitúa la temática amorosa junto a otras composiciones de asunto social y costumbrista. Rosalía asume la voz del pueblo gallego, situándose con esta obra como precursora, junto a Curros Enríquez y Eduardo Pondal, del Rexurdimento cultural de Galicia. Establecida en Madrid tras su matrimonio, la añoranza de su Galicia natal y el dolor por la situación de abandono en que la veía, la lleva a escribir de ese modo.
En Follas Novas (1888) se observa un cambio de sensibilidad, un incremento del lirismo. La nostalgia, soledad y tristeza del yo poético en ocasiones se identifican con el sufrimiento del pueblo gallego. Ya se apunta el tema de la muerte como liberación del dolor. El mundo es adverso y la existencia humana dolorosa. Algunos críticos lo consideran el mejor de toda la poesía gallega.
Su obra principal en castellano, En las orillas del Sar, se publicó en 1884. En ella se acentúa el pesimismo y la obsesión por la muerte y abundan las meditaciones maduras sobre el sufrimiento de la vida, el amor, la vejez, la eternidad. Sus poemas, desprovistos de cualquier esperanza, suponen un punto de partida de la lírica moderna. Rompen con las formas métricas de su tiempo y presentan unas imágenes poco tradicionales. Algunos de sus símbolos inspirarán a Antonio Machado. Juan Ramón Jiménez la sitúa entre los predecesores de la revolución poética iniciada por Rubén Darío. |