|  | | | | | La directora de la vivienda comunitaria Castro Lar, Charo Castro, dice que le gustaría ampliar el número de plazas. | | | |
La crisis se empieza a notar en todos los sectores, “por eso los usuarios que acceden a centros privados deberían tener algún tipo de ayuda”, admite Charo Castro, directora de la vivienda comunitaria Castro Lar, en Salceda de Caselas. Abierta desde noviembre de 2004, cuenta con 12 plazas, de las cuales 10 están cubiertas en la actualidad.
Charo Castro manifiesta que le gustaría ampliar la oferta en su centro, incluso llegó a hacer un estudio para transformarlo en ‘fogar-residencia’. Terminó descartando la idea porque únicamente conseguiría dos plazas más y tendría que realizar una inversión de 180.000 euros, “algo que no me puedo permitir porque todavía estoy pagando la hipoteca”.
Aunque a simple vista parezca cara la estancia en un centro de este tipo, 1.000 euros mensuales, Charo Castro recuerda que “los gastos son muchos”. La mayoría de los ingresos se destinan al pago de los siete profesionales que trabajan allí: cocinera, auxiliares de geriatría, trabajadora social y médico (éste acude una vez a la semana, aunque está disponible las 24 horas del día).
La directora de esta vivienda comunitaria añade, por otra parte, que instituciones como la que ella regenta no cuentan con mucho apoyo institucional. “La Xunta tira en contra de los centros de este tipo porque ahora sólo quiere que se dé cobertura a los usuarios que son válidos”. A pesar de ello, en el centro se llevan a cabo muchísimas actividades de entretenimiento de los mayores, como por ejemplo gimnasia o hacer pequeños paseos. "En verano, todos los viernes vamos al centro de Salceda a tomar algo", subraya Charo Castro.
La mayoría de los beneficiarios que se encuentran en este centro de Salceda son mujeres y de este municipio. El tiempo de estancia varía mucho porque, según explica Charo Castro, “algunos vienen con la idea de quedarse aquí para siempre, otros de manera temporal y también hay los que terminan cambiando de idea y se quedan”. La usuaria más antigua falleció en marzo de este año a los 93 años, “era una señora de Salceda y que estuvo aquí tres años”.
Pilar y Josefa son algunas de las chicas de oro que residen en este centro. La primera tiene 73 años y lleva un año allí. Asegura que todas se llevan bien y desvela que Josefa, a sus 82 años, “es la más coqueta de la casa”. La aludida contesta que “eso son flores que me botan, pero yo soy como todas”. Durante el día hacen bastantes actividades, aunque lo que más les guste sea jugar al bingo, al parchís o a las cartas. “Esto es como una casa y por eso no se les obliga a nada, desde levantarse a una determinada hora o a comer determinado comida”, recalca la directora, algo que corrobora Josefa: “A mí me gusta hacer de todo, pero cuando no tengo ganas de nada no me obligan”.
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