| |  | | | | | La suerte se repartió el pasado fin de semana, durante la 49ª edición de la 'Festa da Lamprea', aunque el nombre del afortunado se dará a conocer este sábado. R.D. | | | |
En tiempos de crisis, hay que ingeniárselas. Una discoteca de Arbo, la única que existe en el municipio, premiará a uno de sus clientes con 1.000 euros. La suerte se repartió el pasado fin de semana, durante la 49ª edición de la 'Festa da Lamprea', aunque el nombre del afortunado se dará a conocer este sábado, o más bien en la entrada la madrugada del domingo, entre las 4.30 o 5.00 horas de la mañana, cuando se celebre el sorteo.
"No es la primera vez que llevamos a cabo esta iniciativa", explica uno de los empleados de este establecimiento de ocio, Ramiro Gil, recordando que el año pasado también se hizo un sorteo en metálico, aunque la cantidad fue ligeramente inferior, de 600 euros. Ésta no es, sin embargo, la única acción que esta discoteca puso en marcha para atraer clientes, principalmente del sexo femenino, ya que ellas, las chicas, que entran antes de las dos de la mañana no pagan y, además, se les dan dos consumiciones gratis.
En cuanto al sorteo propiamente dicho, es una iniciativa que tiene todavía más razón de ser porque este sábado hay fiesta en el municipio portugués de Melgaço y, por lo tanto, es previsible que el establecimiento contará con menor afluencia de los vecinos lusos. Además, recientemente, abrió en Arbo un pub que no cobra entrada y, por lo tanto, sólo gastan dinero los que se tomen alguna bebida.
A pesar de todo, Ramiro Gil es de los que piensa positivamente ante la apertura de nuevos locales "porque terminará atrayendo más gente a Arbo, que tendrá más opciones a donde ir y, por otra parte, se terminará seleccionando un poco el personal en los locales".
Ramiro Gil trabaja hace 5 años en esta discoteca. De lunes a viernes está en una fábrica de molduras, pero cuando llega el sábado 'cambia el chip'. Admite que le gusta la noche, aunque eso suponga tener que entrar a las doce de la noche y rematar a las seis y media del día siguiente. Tras cinco años, son muchas las anécdotas que contar, como por ejemplo la vez en que un cliente le pidió una copa cuando ya estaban cerrando "y, a pesar de que le expliqué que ya no se servían más copas, me dijo que si no lo hacía él mismo se serviría", o la que ocurrió hace año y medio de estar trabajando de camarero "cuando me vino una chica portuguesa que pidió 'chicletes' y yo no sabía lo que era", en fin, "es una manera de aprender también idiomas", añade riéndose.
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